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Primer Suspensión en Uruguay

por Ignacio Avellanal



Introducción: Uruguay y el BodyMod

Uruguay, es un país relativamente pequeño que se encuentra rodeado por dos grandes potencias; Brasil y Argentina. Así mismo, es pequeño en el escenario de las modificaciones corporales. La existencia de personas modificadas es prácticamente nula a diferencia de lo que sucede en San Pablo, Buenos Aires u otras grandes ciudades del mundo.

A pesar de esto, Uruguay cuenta con 8 Convenciones de Tatuajes y Body Piercing en su haber, así como una revista que tuvo muy corta vida. Año a año las convenciones van adquiriendo mayor popularidad, captando la atención de más personas curiosas e interesadas en el tema.

Si uno desea averiguar en el Uruguay sobre implantes, branding, split tongue u otras técnicas de modificación corporal, no hay estudio que realice tales manipulaciones. Tampoco existe gran demanda de ellas.
Sin embargo, no por ello debemos pensar que no existen personas interesadas en el tema, a pesar de ser una minoría. Otra carencia surge a la hora de encontrar artículos para la personalización del cuerpo así como de profesionales en el área.

Esta minoría, se siente huérfana y espera que la escena se expanda, que el país se destaque en la formación de buenos profesionales y que éstos no tengan que irse para poder practicar sus técnicas.

Primera Suspensión en Uruguay

Mi interés por las suspensiones se ha ido incrementando con el paso de los años a medida que fui observando experiencias de todas partes del mundo. Se me han presentado interrogantes en cuanto a la experimentación y arte corporal, hasta el punto de tomar la decisión de vivirlo en carne propia.

Así fue como comencé a trabajar en un proyecto fotográfico sobre arte corporal (LOVE) en conjunto con una fotógrafa amiga (María Pérez), estableciendo que la tercer y última parte del mismo fuera una Suspensión.
Fue así entonces como comencé mi búsqueda de profesionales y materiales para realizarla, en Buenos Aires, Argentina.

En Diciembre del año pasado, fui amablemente recibido por la Negra en dicha hermosa ciudad. Hablando de todo un poco, salió a flote el tema del proyecto. Con mutuos deseos de realizar una suspensión, concluimos en llevarla a cabo. No solo pudimos realizar dicha parte del proyecto, sino que también efectuamos la Primer Suspensión en Uruguay. Esto integró a nuestro país con el resto de los países de latino América que realizan dicho ritual.

Review

Sábado 30 de enero, 2009.
“…Hoy es un buen día para suspenderse!”’

7.30 am: A tempranas horas del sábado, con los primeros rayos de luz, me levanto con muchas energías para este gran día. A pesar que la noche anterior había llovido y ráfagas de viento se hicieron presentes, amaneció todo despejado, con una hermosa y fresca brisa mañanera.
Luego de haber disfrutado de un buen desayuno, voy en búsqueda del ‘equipo’: La Negra, Marc, María y Matías. Una vez ya todos en el auto, y ultimando detalles, nos dirigimos hacia el Parque Rivera, Montevideo.
9.30 am: Luego de haber recorrido unos cuantos kilómetros, llegamos al lugar. Recorrimos dicho parque por unos minutos en busca de un árbol accesible y resistente, hasta que lo encontramos. Con la ayuda de Matías (Maqui) y La Negra se colocó el frame y se amarraron las cuerdas a dicho árbol. Mientras tanto, María estaba ayudándome a maquillarme y preparando los materiales para la Suspensión. Marc tuvo su intento de ayudar pero lamentablemente su estado físico no se lo permitió.
10.00 am: Ya con todo pronto, llegó el momento de las perforaciones. Con unos masajes previos en la espalda, ya María y La Negra con guantes en manos, es la hora que las agujas y ganchos entren en acción.
Respirando hondo, palabras de aliento, concentración, con la piel pronta para ser perforada …
‘1, 2, 3’, pasó el primero gancho! Fue una sensación fabulosa sentir atravesar la primera aguja y el primer gancho por mi piel. Entre charlas, risas y agujas, continuamos con los tres ganchos.
Una vez finalizadas las perforaciones, comencé a moverme y relajar mi cuerpo, sintiendo a los ganchos ya formando parte de mí.

10.30 am: Con los ganchos ya en la espalda, La Negra los unió al frame y comenzó la hora de probar el peso y tensiones de las cuerdas con un par de movimientos de mi cuerpo, chequeando que todo salga correctamente.
Una vez dado el OK, llegó el tan esperado momento.
Con La Negra en frente mío y tomados de la mano, Maqui sosteniendo la cuerda y lentamente tirando de ella, mi piel comenzó paulatinamente a estirarse, tensionarse y de ese modo comencé a elevarme. Con palabras de aliento de La Negra, mis pies comenzaron a dejar de sentir el suelo y de ese modo entrar en un estado sin fin de éxtasis.
La adrenalina comenzó a recorrer todo mi cuerpo de manera muy acelerada, de ese modo cargado de energía comencé a balancearme de un lado para otro, experimentando hasta el más mínimo movimiento de mi cuerpo.
Una vez arriba, y ya cómodo, comencé a balancearme con más soltura.
Desde hamacarme, hacer la ‘oruguita’, mover las caderas, reírme, y hasta bailar, experimenté todo lo que estuvo a mi alcance.
Rodeado de un ambiente muy natural, y sintiendo el aire fresco sobre mi rostro y cuerpo, experimenté sensaciones indescriptibles.
Luego de haber estado unos 40 minutos suspendido, le pedí a La Negra que me descendiera y de ese modo ascender nuevamente pero ahora solamente con dos ganchos. Se desamarraron los dos externos y quede con los dos ganchos internos… comenzó nuevamente el ascenso, pero esta vez sin ayuda. La Negra tomó la cuerda y arriba!
Mucho más intensas las sensaciones vividas con los dos ganchos. Mucha más movilidad. Mucha más piel.

No estuve más de 15 minutos con dos ganchos en mi espalda ya que estaba verdaderamente agotado. Mucha adrenalina había recorrido mi cuerpo e infinitas sensaciones.
Luego de haber estado prácticamente una hora suspendido llegó el momento del descenso.
Lentamente perdiendo altura, mis pies tocaron el piso, sintiendo poco a poco como la piel iba volviendo a su respectivo lugar. Una vez en tierra, sentí un gran peso sobre mí, como si todo lo que había estado flotando por una hora hubiera caído sobre mi cuerpo.

11.30 am: Hora de quitar los ganchos y más que nada, el aire.
Una vez que terminamos, seguía todavía en un estado de placer físico y mental.
Definitivamente esta experiencia había marcado un antes y un después en mi persona.
Fue inolvidable.
Un amor especial hacia los ganchos comenzó ese día.



Debo agradecer a las personas que me acompañaron en dicha experiencia por haberla compartido y disfrutado conmigo (y a aquellas personas que no estuvieron físicamente acompañándome, pero sí tuvieron buenos deseos).
Gracias a María por haber sacado hermosas fotos y asistido a La Negra perforando, a Maqui por haber sido el ‘monkey’ y haberse trepado en el árbol, a Marc por haber intentado ayudar y a La Negra por haber compartido esta hermosa experiencia conmigo y haber hecho esto posible.


Que las fotos hablen por sí solas…